UNA HISTORIA VINCULADA CON EL TERMALISMO...
Las aguas benéficas de Eaux-Bonnes son famosas desde el s. XVI, época en la que los Bearneses heridos por los arcabuces en la batalla de Pavie (1525) venían a sanar sus heridas.
Pero a partir del s. XIX fue cuando el balneario de Eaux-Bonnes conquistó su notoriedad gracias a las muchas celebridades que acudieron a la estación termal (la Duquesa de Angoulême, la Duquesa de Berry, los pintores Rosa Bonheur, Delacroix, Sarah Bernhard, la actriz…).
De mismo modo, muchos fueron los médicos que participaron en la fama del balneario. Théophile de Bordeu publicó varios libros y una tesina en los que alababa sus beneficios, el doctor Darralde, médico termal, atendió a la Emperatriz Eugenia, mientras el doctor Valéry Meunier, practicante de la estación, hizo venir a numerosas celebridades como Louis Barthou, el político, Francis Planté, el músico, François Coppée, el poeta…
Con esta concurrencia numerosa y regular, se multiplicaron las construcciones en el corazón del balneario.
El establecimiento termal fue rehabilitado, los edificios adoptaron fachadas de estilo "Haussmann", mientras las quioscos y los belvederes invitaban a pasear.
Los hoteles de la calle Castellane y el hotel de los “Princes” también son representativos de aquel pasado.
La Emperatriz Eugenia de Montijo, la granadina, mujer de Napoléon III, fiel a su lugar predilecto de veraneo, mandó realizar numerosos acondicionamientos paisajísticos dentro de la ciudad: tuliperos de Virginia, piceas, alerces… amenizan aún hoy la « Promenade de l’Impératrice » (el paseo de la Emperatriz), el jardín Darralde o la « Promenade horizontale » (la alameda horizontal), recorridos provistos de señalización y de un soporte informativo realizado en colaboración con el "Office National des Forêts" (Oficina Nacional de Bosques).
Y CON LAS TRADICIONES PASTORILES
Las aldeas de Aas y Assouste lucen sus tradicionales tejados de pizarra. Estos pueblos, antigua y principalmente habitados por pastores o campesinos, gozan de un rico patrimonio.
Aas tiene la particularidad de haber inventado el « lenguaje específico de los silbadores », mientras Assouste (que saca el nombre « de Lous Oussates » es decir los exhibidores de osos) se enorgullece de un interesante conjunto monumental: una capilla románica (una de las más antiguas del valle con su capitel esculpido), una morada rehabilitada del s. XVI, un lavadero renovado y casas antiguas y típicas bearnesas con sus característicos dinteles de mármol negro de Arudy o rosa de Bielle.
Cada semana, los "raconteurs de pays" (los narradores del païs) proponen una visita para compartir su deseo de dar a conocer la historia de los pueblos y del valle. Cierto es que muchos de ellos no dudan en embellecer sus relatos añadiéndoles nuevas leyendas... como la de la escapada de Napoleón I a Gourette!